El 3 de junio se vivió una jornada de aprendizaje mutuo en el I.E Ramiro Prialé- San Juan de Miraflores con la participación de 10 docentes, enfocada en la valoración y recuperación de saberes ancestrales presentes en la comunidad escolar.
La experiencia inició con una pregunta sencilla pero significativa: ¿Quiénes de ustedes viven con sus abuelos o abuelas? Este primer momento permitió reconocer la importancia de los vínculos intergeneracionales y visibilizar la presencia de personas mayores en la vida cotidiana de las niñas y niños.
A continuación, se invitó a reflexionar sobre qué es un saber ancestral. Se abrió un espacio de diálogo donde los y las participantes compartieron sus ideas y experiencias, descubriendo que muchos conocimientos valiosos se transmiten de generación en generación, aunque no siempre los nombremos como “ancestrales”.

Luego se realizó la dinámica del Mapa de Origen. Cada docente compartió el lugar de procedencia de su familia y escribió en una tarjeta algún saber tradicional: recetas, remedios caseros, costumbres o celebraciones. Las tarjetas se colocaron en un gran mapa, haciendo visible la diversidad y riqueza cultural de la escuela.
Este ejercicio dio paso a una reflexión colectiva sobre la diversidad: se conversó sobre cómo los saberes ancestrales varían según el lugar de origen y cómo cada familia aporta prácticas únicas. Se animó a los niños y niñas a compartir si conocían saberes propios de sus lugares de origen o de sus familias, y muchos demostraron un conocimiento profundo, aunque no siempre lo identificaban con ese nombre.
Durante el diálogo, se explicó la importancia de conversar con los abuelitos, abuelitas o personas mayores del entorno para recuperar y valorar estos saberes. Se motivó a las y los niños a ser curiosos y a preguntar en casa sobre tradiciones, remedios, recetas y costumbres.
Finalmente, se realizó un círculo de energía con el uso de agua florida, un momento simbólico que permitió a todos los participantes conectarse, purificarse y abrirse al intercambio de saberes con una actitud de respeto y cuidado. Este ritual preparó el ambiente para la siguiente instancia de la jornada.

Posteriormente, se llevó a cabo una ofrenda ritual a la Pachamama. Los niños y niñas, acompañados por sus docentes, llevaron frutas y flores para agradecer a la Madre Tierra y pedir permiso para seguir aprendiendo y cuidando la naturaleza. Este acto colectivo fue una experiencia profunda que reforzó el sentido de comunidad y el vínculo espiritual con el entorno.
La jornada, fue un espacio de encuentro y reconocimiento mutuo, donde los saberes de la infancia y la experiencia docente se entrelazaron para fortalecer la identidad y el sentido de comunidad escolar. Queda la certeza de que en cada niña y niño habita un universo de conocimientos heredados, y que la tarea docente es acompañar, visibilizar y valorar esos saberes, tejiendo juntos nuevas formas de aprender y convivir.

“Cuando estaba malita, mi abuela me preparaba un té de manzanilla y me decía que con eso se me iba el dolor de barriga y podía dormir mejor. También me ponía unas hojas de eucalipto en la almohada para que el aire me ayudara a respirar.”
— Valentina, 7 años, estudiante del I.E. 7079 Ramiro Priealé


