En una reciente entrevista en Radio Stereo Villa, la sabia comunitaria María Teresa Cotrado y Ana Sofía Pinedo, coordinadora del proyecto Sabiduría de los Mayores en Arena y Esteras, compartieron cómo el trabajo con personas adultas mayores en Lima Sur está ayudando a rescatar conocimientos ancestrales, fortalecer vínculos entre generaciones y transformar la forma en que se aprende, se enseña y se cuida la vida en comunidad.
Tejer, sanar y enseñar
Teresa relató con entusiasmo cómo, a través de talleres con escolares, ha enseñado a tejer chompas, usar herramientas como marcadores y cintas métricas, y revivir juegos tradicionales como el yas o el chusi. “Muchos niños no saben ni agarrar los palitos ni las lanas. Pero aprenden, y lo hacen con alegría”, dijo con una sonrisa. “Así, jugando yases, van entrenando sus deditos. Y cuando te miran con curiosidad y quieren saber más, uno siente que su conocimiento sirve, que no se ha perdido”.
Pinedo subrayó que estos espacios no solo permiten enseñar técnicas, sino también formas de ver el mundo. “Los niños escuchan hablar de hierbas, de rituales, de costumbres, y se dan cuenta de que sus abuelos no son del pasado, sino del presente. Aprenden que el respeto, el cuidado y la escucha también se enseñan”, afirmó. Desde botiquines naturales hasta huertos escolares, el proyecto articula estos saberes con la educación formal para volverla significativa y arraigada en la experiencia familiar y territorial.
Educación comunitaria
“La forma como los pueblos originarios se han relacionado con la tierra es lo que necesitamos para enfrentar la crisis climática”, dijo Pinedo. “No como un recurso para explotar, sino como Pachamama, con respeto y cariño”. Desde esa visión, el proyecto viene trabajando con escuelas públicas de Lima Sur —como el Ramiro Prialé, el Julio C. Tello o el González Prada— capacitando a docentes en educación comunitaria intercultural para que integren los saberes locales en su currículo a través de proyectos de aprendizaje. “Cuando un niño aprende en clase algo que le enseñó su abuelita, se emociona. Lo siente propio. Y entonces no lo olvida”.
Teresa también compartió lo que ha significado para ella participar en procesos de teatro comunitario. “Nos sentimos contentas, nos olvidamos de todo. Es un paraíso”, dijo sobre su experiencia en escena. Recordó con humor cómo en otros espacios se sintió como “robotito” al seguir órdenes rígidas, y cómo el teatro en Arena y Esteras le permitió contar su historia con libertad y verdad. “Ahí aprendí a desenvolverme, a comprender a la otra compañera, a quererla. Es como si tuviéramos un espacio donde volver a empezar”.
Una invitación desde la experiencia
“No se queden en casa diciendo ‘me duele aquí, ya no puedo más’. Salgan, bailen, hagan teatro, aprendan algo nuevo”, animó Teresa con la energía de quien no ha dejado de aprender. “Y si ya aprendieron, enséñenlo. Compártanlo. Eso es lo que a mí me da vida”. Desde la marinera hasta la repostería, pasando por los talleres de salud cognitiva, sus días están llenos de movimiento, de saberes compartidos, de compañeras con quienes celebrar lo cotidiano.
Al final de la entrevista, Pinedo rescató algo que se repite una y otra vez entre quienes participan en el proyecto: “La vida es un regalo, y nosotros queremos vivirla. Eso nos da alegría”. Esa afirmación, tan sencilla como potente, resume el corazón del proyecto. No se trata solo de conservar saberes antiguos, sino de reconocer que las personas mayores siguen construyendo presente, transformando realidades, enseñando a vivir mejor.




