“Cuidar a la tierra es cuidarnos a nosotros”: adultos mayores como guardianes de la diversidad biocultural

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En el marco del Día Internacional de la Diversidad Biológica, PRATEC, Urpichallay, Arenas y Esteras y Waman Wasi organizaron un conversatorio que reivindicó el rol de los adultos mayores como pilares vivos de la diversidad cultural y ecológica del país.

Por generaciones, han sido ellos —los abuelos y abuelas del campo y la ciudad— quienes han sostenido la vida. Y aunque muchas veces invisibilizados, su sabiduría sigue siendo clave para afrontar las crisis del presente. Así lo recordó Grimaldo Rengifo, fundador de PRATEC, al abrir el conversatorio “Aporte de los adultos mayores en la crianza de la diversidad biocultural”, desarrollado el viernes 23 de mayo de forma virtual.

Cuando hablamos de biodiversidad, muchas veces nos olvidamos de la cultura que la cría: las familias comuneras. Por eso hablamos de diversidad biocultural, “porque no puede entenderse la papa sin la cultura de la papa, ni la llama sin la cultura de la llama”, remarcó Rengifo.

Con más de 6,000 comunidades andino-amazónicas y casi 2,000 en la Amazonía peruana, Perú no solo es megadiverso en especies, sino también en saberes. El saber de nuestros mayores no está en su mejor momento, pero sigue vivo gracias a la transmisión intergeneracional y a una pedagogía de la tierra que aún resiste. Esta diversidad está siendo amenazada por modelos monocultivos y “miradas antropocéntricas que rompen el diálogo con la naturaleza”, advirtió Rengifo.

La sabiduría desde las chacras

Desde Áncash, Karina Costilla, directora de Urpichallay, presentó cómo los Centros de Aprendizaje Mutuo (CAM) están rearticular el tejido comunitario.

“Si seguimos invisibilizando a los adultos mayores, vamos a correr el riesgo de perder la biodiversidad y con ella, nuestra autonomía alimentaria. Por eso es vital recuperar prácticas como el uso de plantas medicinales o los calendarios agrícolas que ellos aún conservan”, mencionó Costilla.

Se compartió la experiencia de jóvenes que, junto a sabios como don Aurelio, aprenden a dialogar con la naturaleza, sembrar en mezcla y observar las señales del tiempo, construyendo bibliotecas vivas, diagnósticos comunales y materiales en quechua desde el corazón mismo de las comunidades.

Criar la biodiversidad desde la ciudad

Ana Sofía Pinedo, de Arena y Esteras, trasladó la conversación al contexto urbano de Lima Sur. “Todos los que vivimos en la ciudad somos hijos de migrantes. Y nuestros abuelos llegaron con sus saberes. La ciudad que hoy habitamos fue edificada con esos conocimientos”, señaló, cuestionando la idea de que lo biocultural pertenece solo al campo.

Mediante talleres intergeneracionales, Arena y Esteras está trazando rutas de memoria viva donde jóvenes descubren prácticas como el uso del guairuro, la medicina natural o las ofrendas. «Los docentes se están dando cuenta de que enseñan la tabla periódica, pero los niños viven la fiesta costumbrista. Habitamos una ciudad, pero no convivimos en armonía.”

En ese sentido, Ana Sofía propuso una nueva pedagogía: la del cuerpo, del territorio, de la tierra. “Necesitamos formar ciudadanos planetarios que no solo quieran ‘ser alguien en la vida’, sino cuidar toda forma de vida.”

 La Amazonía que resiste

Desde San Martín y Loreto, Luis Romero de Waman Wasi dio cuenta de cómo los adultos mayores han sostenido la agrobiodiversidad a pesar de la expansión del monocultivo.

“En lugares como El Dorado, la diversidad ha sido arrinconada. Pero aún se mantiene gracias a las prácticas de las comunidades. Mientras en Loreto, en zonas como Balsapuerto, todavía se conserva esa biodiversidad que viene del monte y del río”, explicó Romero.

Frente a los agrotóxicos y la presión por cambiar el paisaje, el proyecto promueve el vínculo vivo entre jóvenes y abuelos en chacras, en la pesca, en la caza. “Mientras haya escucha, y mientras haya abuelos con quienes compartir, hay oportunidad de que la diversidad continúe”, dijo.

Oscar Badillo, del Ministerio de Educación, cerró el bloque de los expositores destacando que “la transmisión intergeneracional no es un listado de saberes, es una crianza, un espacio donde se revitaliza la vida. Este proyecto lo demuestra: no es la biodiversidad sin rostro, es el rostro de quienes la hacen posible”, mencionó.

 Un cierre con compromiso

El conversatorio finalizó con la intervención de David Venegas, del Colectivo Nacional de Educación Comunitaria, recordó que esta propuesta no es nueva, sino que recoge una historia y un respeto profundo hacia quienes han sostenido el país.

“Tenemos una deuda con nuestros mayores. Este proyecto es un aporte significativo no solo para nuestras comunidades, sino para pensar políticas públicas con sentido. Desde el colectivo, estamos brazo a brazo con ustedes”, mencionó Venegas.

Con el respaldo de HelpAge Alemania y el Gobierno Federal Alemán, el proyecto “Sabiduría de los Mayores” busca posicionar a los adultos mayores no como beneficiarios, sino como protagonistas de las respuestas más humanas y sostenibles frente a la crisis planetaria.

Mira el video completo aquí:

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